América Latina: entre el mundo del capital y el mundo de la emancipación:

América Latina siempre se caracterizó, desde su proceso de colonización, como una tierra de luchas permanente, territorio de la resistencia, espacio de múltiples contradicciones. Ubicación territorial de la superexplotación y de su fuerza antagónica: la resistencia ante la opresión. Tierra de luchas vivas e históricas ante la cosificación de nuestros sujetos. Espacio de luchas abiertas en contra del mundo de la enajenación, de la reproducción desmedida del capital bajo la deshumanización de lo humano. América Latina, suelo volcánico de la revolución permanente. Tierra del grito, de la lucha, de los movimientos sociales políticamente organizados ante la avasalladora mercantilización de lo humano que es puesta en práctica, objetiva y subjetivamente desde las múltiples formas de poder y manipulación del capital.

Continente poseedor de innumeras particularidades históricas de lucha y resistencia, anteriores y posteriores a la colonización, pero que asiste, en la actualidad, a una "homogeneidad" en las formas de poder impuestas por los dueños del capital. América Latina, como todos los demás continentes, se encuentra inmersa en la sociedad de consumo, en el plan ideológico y material de la producción de valor, en tanto entidad máxima del capital. Capital, valor que se valoriza utilizando como recurso la desvalorización de lo humano. La valorización del hombre-mercancía, lejano de sí mismo y de los demás. El mundo de capital logró concretar a lo largo de su desarrollo histórico dependiente y subordinado en el continente, una acción abiertamente deshumanizadora, basada en los preceptos fundantes de esta forma de actuar: la fragmentación, el individualismo, la competencia, la eficiencia, la productividad, la propiedad privada, el trabajo asalariado, enajenado, "productivo", "calificado", "formal", todas estas características principales de su noción de valor (el trabajo como producto ajeno al sujeto, subyugado a las reglas del capital, el dinero como postulado básico de las relaciones mercantiles de la sociedad de consumo) que está moldeado por, a la vez que moldea, las vidas cotidianas de los sujetos subsumidos por este orden.

Sin embargo, el capitalismo latinoamericano y mundial tiene en sí mismo su progreso y su desgracia. Dos lados de la misma moneda. Un progreso en tanto desarrollo de sus fuerzas productivas e ideológicas - objetivas-subjetivas - que prescinde cada vez más de los sujetos, pero que sin ellos no funciona. Los últimos datos del Bando Mundial, uno de los espacios manejados directamente por los EUA, denuncian esta falacia: más de la mitad la población latinoamericana, 400 millones de personas, no puede satisfacer sus necesidades básicas, 102 millones de personas son indigentes que no tienen que dar de comer a sus hijos, sobreviven con menos de un dólar/día, 40 millones de niños viven y trabajan en la calle[1]. Además, 17 millones de niños latinoamericanos trabajan como esclavos en nuestro continente.

Así, la precariedad del trabajo, la marginalidad y exclusión del sector formal de la economía en la cual está inmersa la mayoría de la población continental, los altos niveles de pobreza y discriminación generados por su propia estructura de funcionamiento, hacen que el modo de reproducción de "vida" del capital sea la válvula propulsora para el grito, la resistencia, la revuelta en contra de un orden que fue histórica y materialmente construido por algunos, reservando el futuro de la exclusión y la no pertenencia a la mayoría. (los 10% más ricos reciben 20 veces más que los 40% más pobres en el continente).

Sin embargo, en la dimensión dialéctica entre el poder y el contra-poder, la dominación y la resistencia revolucionaria, América Latina, no es solamente el palco de la homogeneidad de la sociedad de consumo y de la forma capital de concepción del valor, desde la enajenación, la propiedad privada y el trabajo enajenado. Aquí también se viven - además de los resultados catastróficos del orden operante, bajo el control hegemónico de los EUA y sus países pares en la continuidad de la dominación y del poder a cualquier precio -, las múltiplas y particulares formas de rebeldía, de contestación, de grito, que deben ser tomadas en cuenta ya que imprimen, desde sus particularidades, nuevas dimensiones de lucha, a lo que los marxistas han llamado de revolución.

UN EJERCICIO DIDÁCTICO:

Didácticamente podríamos hacer una contraposición directa entre el mundo de la enajenación, puesto en práctica por los dueños del capital y el mundo de la emancipación, históricamente trabajado en nuestro continente desde, nosotros, los "oprimidos", sujetos antagónicos a los primeros en la permanente, necesaria y viva lucha de clases.

Trabajaremos con la metáfora de los siete pecados capitales desde el mundo del valor como reproducción del capital y deshumanización de lo humano, y las siete virtudes (estrategias) de la resistencia, sujetos liberados, desde la construcción cotidiana del mundo de la emancipación. Entendemos como opresión la forma que tiene el hombre de subordinar a todo y a todos a su mando, aun cuando tenga que hacer uso permanente de las múltiplas formas de violencia. En contrapartida, la emancipación es vista, históricamente, como la construcción democrática, desde la lucha de clases, de la ruptura con este mundo y liberación-recuperación de lo humano, encadenado, en tres relaciones básicas, como decía Marx: hombre-consigo mismo, hombre-naturaleza, hombre-sociedad.

EL MUNDO DEL CAPITAL:

1º. PECADO: SUPEREXPLOTACIÓN[2]

En el mundo del trabajo formal, desde el modo de producción capitalista, la explotación es medida por la relación que existe entre el trabajo necesario y el plustrabajo. Para entender el grado de explotación es importante conocer los mecanismos que utiliza el capitalista para ampliar sus márgenes de apropiación del trabajo vivo (plusvalor relativo - aumento de la intensidad de la jornada de trabajo, plusvalor absoluto - aumento de la jornada de trabajo) en relación con el trabajo muerto (máquinas). Así, cuanto mayor el plustrabajo y menor el tiempo de trabajo necesario, para la reposición de la vida del trabajador y de su familia, en la producción de una mercancía, tanto mayor el grado de explotación, o sea, tanto mayor el plusvalor. Sin embargo, en el capitalismo originario de América Latina, la apropiación abusiva del plustrabajo por parte del capitalista, a partir de la excesiva acentuación del grado de explotación (plusvalor), fue un recurso utilizado de forma explícita. Es decir, la remuneración para cubrir los costos de vida del trabajador y de su familia, el valor del trabajo necesario, siempre estuvo muy abajo del plustrabajo, la explotación, en nuestro continente. Por las condiciones particulares de la explotación, inicialmente esclava, del contingente poblacional existente en el continente, y la forma como el desarrollo capitalista no estuvo pautado en el consumo de la propia población local - separación entre producción y circulación -, sino más bien en la exportación de los bienes producidos en nuestros países (desarrollo para fuera), los trabajadores eran remunerados bien abajo del valor del trabajo necesario. Esto permitió a Ruy Mauro Marini caracterizar el proceso de desarrollo capitalista latinoamericano como dialéctico-dependiente, basado en la superexplotación del trabajo.

2º. PECADO: ENAJENACIÓN[3]

Desde el nacimiento del modo operante del capital, muchos hombres fueron encadenados por otros pocos hombres para hacer funcionar un nuevo orden donde el valor no estaba puesto en las relaciones humanas sino más bien en la reproducción del valor desde el mundo de las cosas. Poco a poco esta sociedad dominada por la burguesía fue avanzando y logrando alcanzar sus objetivos: valorización ampliada del mundo de las cosas, de la mercancía, a todas las esferas de "vida" de los sujetos, subordinando sus seres a sus pertenencias materiales. El tener superior al ser. El estar, pertenecer, sometido a las reglas de la apropiación privada de los medios de producción, de la tierra, de todos los espacios que permitan una mayor valorización de su riqueza: el capital. Para esto, fue necesario ir consolidando las condiciones materiales e ideológicas que iban erigiendo la torre de su poder. Las máquinas, el avance tecnológico (trabajo muerto) y la especulación son los mecanismos de opresión directa contra la fuerza mayor, antagónica al mundo del capital, la fuerza del trabajo humano (trabajo vivo). El hombre fue, a lo largo del desarrollo de las fuerzas de producción capitalista, siendo aislado de la producción a través de la puesta en escena de la flexibilización y precariedad del mundo del trabajo. Cada vez más lo hecho le pertenece menos. Esta separación formal entre la concreción de la producción por lo humano y la apropiación de la misma por él, recibió el nombre de enajenación. Sin embargo, el hombre, como consecuencia de esta forma de ser subordinada al mundo de las cosas, fue siendo introducido a la enajenación en todos los espacios de su vida cotidiana. Los aparatos ideológicos y materiales utilizados por los dueños del capital para seguir con su proyecto de ganancia desmedida, fueron estructurados para la concreción de dicha propuesta. La educación, la salud, la cultura, la familia, la religión, todos los espacios formales de relación de los sujetos "encadenados", sirvieron como mecanismo de reproducción ampliada del capital. Así el hombre enajenado se ve en la gran encrucijada de su vida: Está enajenado de sí mismo, enajenado en su relación con la naturaleza, enajenado en su comunicación con los demás hombres, también enajenados.

3º. PECADO: FETICHE[4]

El fetiche, causa y consecuencia del mundo de la enajenación, fue el mecanismo concreto de manipulación del mundo del capital hacia la construcción del mundo encadenado de los hombres. El fetiche se refiere a la imposibilidad de ver el fenómeno por detrás de las cosas. El fetiche hace de la apariencia, la esencia de las cosas. Y la esencia misma deja de ser vista porque no conviene al mundo del capital la clarificación de las múltiplas formas de dominación puestas en práctica por sus dueños. El fetiche permite la reproducción ampliada a toda la sociedad, de la concepción del capital como valor que se valoriza, desde una forma especifica de ser, estar, permanecer y continuar, cosificados. El fetiche, elemento clave de la enajenación, juega con la capacidad de mantener a los sujetos encadenados. El mundo fetichizado sostiene que las cosas son lo que aparentan ser. Que la esencia de las cosas es la apariencia misma. El fetiche de la mercancía, es la ilusión puesta en movimiento desde el nacimiento del capitalismo, de que el trabajo, fuerza propulsora de este desarrollar histórico, era remunerado con vistas a participar del juego de la reproducción del capital desde el consumo capitalista -. Ilusión necesaria para corroborar el modus operandis del capital -. Así como ocurrió con la enajenación, también el fetiche ganó la proporción de la vida cotidiana. Hasta porque no existe separación entre el mundo del trabajo y el mundo del sujeto. Son espacios de reproducción de la vida, o de la muerte en vida, en su totalidad. Lo que ocurre en un espacio va ocurrir necesariamente en el otro. Ante la apariencia de los frutos del trabajo, se fue consolidando todo el mundo cotidiano de la apariencia como esencia. La apariencia de la pertenencia a la sociedad del consumo, la apariencia del cuerpo, la apariencia del lenguaje, la apariencia cosificada de los sujetos, velo completo de la esencia misma de la vida. El fetiche es así, el vehículo propulsor de la enajenación.

4º. PECADO: DOMINACIÓN[5]

La dominación es la forma de utilizar los múltiples poderes, materiales e ideológicos, para encadenar a los hombres. La dominación pone en práctica el poder de la opresión, del no diálogo, de la capacidad de convencimiento (cuando necesario abiertamente violento) de que unos pocos dominan y los otros tantos, son dominados, manipulados. La clase burguesa domina para oprimir y oprime dominando. La dominación opresora transforma los sujetos en espectadores, cuando en verdad son protagonistas de la vida misma. Los dominadores instituyen el miedo como algo cotidiano y lo remiten a la salvación espiritual a todos aquellos que no "tuvieron capacidad, destreza" suficiente para hacer parte del mundo del capital. En este sentido, los Estados Nacionales, las iglesias, las escuelas son, en muchos sentidos, espacios reales de manifestación de la dominación opresiva. Los dominadores son necrófilos, pues, necesitan matar a lo humano para objetivar su mundo de las cosas. Muerte en vida es el arma del dominador antidialógico, por naturaleza manipulador.

5º. PECADO: INVASIÓN CULTURAL

La invasión cultural es la capacidad (poder desde la violencia) que tiene la clase dominadora, burguesa, de consolidar las costumbres, reglas y formas de comportamiento a toda la sociedad, destruyendo las formas particulares e instituyendo la homogeneidad del consumo y de los hábitos capitalistas como patrón universal. La invasión cultural es la forma de concreción de la dominación en los espacios apropiados por el dominador. Es por naturaleza violenta porque necesita destruir lo que encuentra para consolidar su modo social - material e ideológico - de ser, estar, permanecer y continuar subordinando el sujeto. La invasión cultural utiliza todas las armas que puede para poner en práctica la cultura del miedo. Calla con las armas que tiene - desde el poder institucional tanto el jurídico, como el legislativo y ejecutivo son instrumentos tácticos de la invasión y desde lo social, los aparatos policíacos, las etnias, los géneros son instrumentos vivos de la dominación violenta - e implementa nuevas armas para dar cabida a su afán de poder. La invasión cultural trabaja con los criterios de superioridad e inferioridad, juzgando previamente a los individuos de acuerdo con los patrones desarrollados por su clase. Ella, la invasión cultural es así el arte de dominar, cosificar, manipular a través de las múltiples formas de violencia manifiestas contra lo humano.

6º. PECADO: FRAGMENTACION[6]

La fragmentación es la forma de callar a los resistentes, a los rebeldes, que, desde la lucha de clase quieren organizarse, o ya estaban organizados como el caso de los indios y negros, para dar el grito. La fragmentación es el mecanismo de disolución del poder de la clase antagónica, los dominados, por parte de la clase dominadora. Es el criterio utilizado para no permitir la organización de la mayoría en contra del poder vigente. La fragmentación apuesta en la capacidad que tienen los dueños del capital para manipular y convencer a los dominados sobre la fragilidad de este grupo, frente a los beneficios del mundo de las cosas. Apuestan que el fetiche, la enajenación, la precariedad del mundo del trabajo, la exclusión y el miedo jueguen peso fundamental para callar por sí solos cualquier amenaza de rebelión. Así, es necesario fragmentar a los sujetos, dividirlos, para poder oprimir más. Los dominadores saben que la unificación de nuestros pueblos oprimidos pone en riesgo absoluto su hegemonía. Por esto, actúan deliberadamente de forma a callar cualquier amenaza de unión popular. La competencia, el individualismo, el éxito, la productividad son las variables fundamentales de corroboración del mundo desintegrado. Instituyen estos conceptos en la vida real, porque saben que la articulación de clase mina la posibilidad de seguir dominando de manera violenta, como lo han hecho a lo largo de los siglos de civilización occidental.

7º. PECADO: EXCLUSIÓN

Resultado concreto de todas las formas anteriormente descriptas, la exclusión del sujeto, tanto en sus potencialidades humanas como en la vida misma (la antes nombrada necrofilia, muerte en vida) se transforma en un proceso cotidiano. Los dominadores avanzan en su proceso a partir de la consolidación de un modelo de desarrollo en que la mayoría de la población no tiene condiciones de ser absorbida por este modo de producción capitalista, ni siquiera entra en un potencial ejército industrial de reservas. Está excluida. Además, los dominadores a través de la precariedad del mundo del trabajo y de la importancia de la ampliación del trabajo muerto en contraposición al trabajo vivo en el sector formal de la economía, van utilizando todos los recursos que poseen para que nuestros grupos oprimidos, excluidos, crean en estas condiciones materiales como resultado de un proceso natural y no socialmente constituido. Para dar concreción a esta condición, ellos utilizan las cuestiones de género, de etnias y de generaciones como criterios fundamentales de la exclusión. Consolidan todas las pautas éticas y morales de este modo de ser de los hombres, subordinados al juego del capital. Insisten que no basta que consigan insertarse en el mundo formal del capital. Tienen que poseer las características naturales del dominador. Así, los negros e indios, las mujeres y los niños de nuestra clase, son siempre grupos inferiores vistos desde la esfera de poder de los blancos, hombres, adultos exitosos. La exclusión no es el mal del siglo, como sostienen algunos autores. Es el mal del capital en sí mismo, desde su nacimiento.

En contraposición al mundo explotador, enajenador, fetichizador, dominador, invasor, fragmentador y excluyente del capital, sostenemos que muchos movimientos sociales-políticos de nuestro continente tienen hoy, como herederos de los luchadores de ayer, mecanismos concretos de acción emancipadora. Generadores de los conflictos en medio a las más fuertes contradicciones manifiestas entre el mundo del capital y el mundo de lo humano, vividas por todos, estos movimientos, nosotros, van/ vamos concretando, desde la praxis, la constitución del hombre, mujer y sociedad nuevos, liberados, desencadenados, revolucionariamente humanos. Desarrollaremos en contrapartida a los 7 pecados del capital, lo que caracterizamos como las siete virtudes[7] del mundo de la emancipación.

MUNDO EMANCIPADO

1ª. VIRTUD: EL TRABAJO

La recuperación del sentido del trabajo creativo como instrumento eminentemente humano, capaz de hacer con que el hombre se superponga a los demás seres vivos, desde su capacidad de entrar en una relación humanizada con ellos. El trabajo como construcción colectiva, desde la consolidación del valor puesto en los hombres y no en las cosas, mucho menos en el hombre cosificado. El trabajo como voluntad de crear las condiciones necesarias para la consolidación de lo vital: el trabajo creador de la vida en vida y no de la muerte en vida, como expreso anteriormente en los pecados del capital. El trabajo como construcción eminente del sujeto social. El trabajo colectivo como ruptura con la propiedad privada y la perspectiva individualista de la ganancia a cualquier costo. El trabajo colectivo como institucionalización del sentido comunitario, del valor de la común-unidad, de la socialización tanto de los medios de producción, como de los bienes producidos.

2ª. VIRTUD: DEMOCRACIA POPULAR

La necesidad de la construcción colectiva desde el diálogo consciente sobre lo qué se quiere construir, por qué se quiere y cómo se logrará dicha proposición. La democracia popular como ruptura con las formas de dominación impuestas por la clase burguesa. La democracia popular como vehículo de información, formación y consolidación colectiva, desde la hegemonía de la clase antes dominada, ahora liberada. Democracia popular como ruptura con la verticalidad del poder e institucionalización de otros criterios verdaderamente liberadores, emancipadores, por estar pautados en el diálogo, en la formación, en el trabajo voluntariamente colectivo.

3ª. VIRTUD: ENCUENTRO

La realización de una forma de estar con el otro sin pensar, organizar y concretar los criterios perversos de la opresión dentro de nuestra clase. La certeza de crear mecanismos de participación y acción colectivos que no nieguen las contradicciones, ni tampoco la forma afectiva de revolucionar nuestro modo de vida. Un encuentro que da primacía al diálogo, a la proximidad, a la pertenencia, al sentimiento de vinculo directo del sujeto con los demás sujetos, en esto que se define como ser social. Un encuentro que desde el rebelarse permanente contra cualquier injusticia, no legitima "un mundo donde quepan todos los mundos", pues instituye criterios que no aceptan los pecados capitales anteriormente mencionados. Estos pecados no tienen cabida en el horizonte de construcción del mundo emancipado.

4ª. VIRTUD: AMOR

Una virtud revolucionaria de amar todo lo que es humano, vivo, y de rechazar e indignarse ante todo lo que es dominador, cosificador, manipulador, explotador. Una forma de instituir la proximidad con el otro, desde la posibilidad de un desnudarse frente a él. Un gesto revolucionario de asumir las contradicciones sin sentirse excluido. De dialogar entre los compañeros de la misma clase con la paciencia histórica de percibir la cosificación sufrida por todos, a lo largo de estos siglos. Una revolucionaria capacidad de amar socialmente rompiendo el miedo de hablar que nos cosificó, enajenó, por tanto tiempo, sin el temor al rechazo.

5ª. VIRTUD: REVOLUCIÓN CULTURAL

La instauración de nuevos valores y nuevas construcciones éticas-morales desde un sentido concreto de pertenecer a la construcción, dialogando sobre los conflictos sin negarlos y consolidando una forma que de armonía entre la reflexión y la acción. La construcción de nuevos patrones sociales pautados en la coherencia humana de nos discursar sobre lo que se pretende vivir. Revolución cultural como acción creadora del nuevo hombre, de la nueva mujer y de la nueva sociedad. Revolución social en la reconstrucción de la totalidad de lo humano, reintegrado en su relación consigo mismo, con la naturaleza y con los demás seres humanos.

6ª. VIRTUD: ESTUDIO

La democratización del acceso al conocimiento a partir de la ruptura con la comercialización del sector educativo desde la mercantilización de los hombres. El acceso a los libros, a las artes, a los instrumentos de producción del conocimiento que son a la vez reconocimiento de la creación humana. La recuperación de la formación del sujeto integral, amorosamente revolucionario, revolucionariamente amoroso. La renovación del amor al estudio, del goce por la lectura, del hábito de curiosamente conocer como piensa el otro para, a partir de lo que pensamos nosotros, establecer un diálogo sabroso sobre las distintas visiones de mundo que poseemos, inmersos ya en un ambiente del hombre descosificado, liberado. Un verdadero ejercicio de reflexionar sobre la práctica y de practicar en consonancia con la reflexión. Un caminar que no niega las contradicciones pero que nos hace, al conocerlas, elegir el mejor camino desde las construcciones materiales e ideológicas revividas por un proyecto popular construido por nuestra clase.

7ª. VIRTUD: EMANCIPACIÓN

La capacidad de recuperar los sentidos humanos cosificados revertiéndolos a sentidos humanizados. La revitalización de lo humano recuperado en su dimensión renovada de construir en libertad a partir de la pertenencia a un proyecto en que estuvo integrado en su planeación, organización, concreción. Hombre, mujer, niños, sociedad libres, este es el precepto más importante del mundo de la emancipación. La emancipación de los sentidos que impulsa el florecer de una nueva sensibilidad, pautada en lo humano y reactiva a lo enajenante.

Lo que pretendemos con este ejercicio es dialogar sobre cómo vamos trabajando, aún en medio del modo de producción capitalista, para romper con estos perversos e inhumanos pecados del capital a la vez que instituimos las virtudes de la recuperación de lo humano. Esta tarea de pensar y concretar lo nuevo en el momento en que se vive lo enajenado, y se van consolidando los mecanismos de ruptura con el mismo, es un proceso permanente y tiene que ser entendida como tal. En el sentido de que en tanto proceso histórico nuestra tarea revolucionaria va acumulando fuerzas para instituir lo nuevo pero, que a lo largo del camino, va aprendiendo con sus propias experiencias los problemas y las dificultades de implementación del mismo. La lucha de clases sigue viva y latente. Los oprimidos no estamos totalmente oprimidos. Ni tampoco totalmente enajenados, totalmente excluidos. Pero sí fragmentados. De forma que una de las tantas tareas a la que tenemos que nos comprometer es la de volver a unificar nuestros esfuerzos, en lo que caracterizamos como poder popular. Un poder que no niega la lucha de clases. Todo lo contrario. Un poder que potencia el encuentro desde todas las virtudes anunciadas en este texto preliminar.

[1] Datos obtenidos en el periódico la Jornada, los días 1/06/2004 y 3 /08/04, en materias intitulada: Se evapora la clase media en AL, la región con mayor desigualdad. Y, Sometidos a explotación, más de 17 millones de niños en América Latina.

[2] Ver: 1) MARX, C (1975). EL capital. México: Siglo XXI editores, 22ª edición, 1998. Pags. 255-276. 2) MARINI, R. M. (1973). Dialéctica de la dependencia. México: Era serie popular, 6ª. Edición, 1982.

[3] Para leer más sobre el tema, sugerimos: 1) MÉSZÁROS, I. (1978). La teoría de la enajenación en Marx. México: Ediciones Era. 2) HOLLOWAY, J. (2002) Cambiar el mundo sin tomar el poder. Caps. 1, 2 y 3.

[4] Para este tema la sugerencia es: MARX, C (1975) El capital. México: Siglo XXI editores, Tomo I, Vol. 1, 22ª. edición, 1998. Págs.87-102, 3) KOSIK, K()1967). Dialéctica de lo concreto. México: Grijalbo. Cap. 1.

[5] Sobre el tema, ver: 1) FREIRE, P. (1970) Pedagogía del Oprimido. México: Siglo XXI editores, 54ª. Edición, 2002. 2) FROMM, E. ('1976). El corazón de los hombres. México: Fondo de Cultura Económica.

[6] Ver: 1) FREIRE, P. (1970) Pedagogía del Oprimido. México: Siglo XXI editores, 54ª. 2) FREIRE, P. (1984) La importancia de leer y el proceso de liberación. México: Siglo XXI editores.

[7] Para las virtudes, sugerimos un bloque colectivo de lecturas: 1) BOAL, A. (1985). Teatro del Oprimido 1 y 2. México, Caracas, Buenos Aires: editorial nueva imagen. 2) FREIRE, P. (1970). Pedagogía del Oprimido. México: Siglo XXI editores, 54ª. edición, 2002. 3) MESZÁROS, I. (1978). La teoría de la enajenación en Marx. México: ediciones era. 4) SCOTT, J. (2000). Los dominados y el arte de la resistencia. México: ediciones era. 5) MARX, C. Y ENGEL, F. (1958). La ideología alemana. Montevideo: ediciones de cultura popular S.A. 6) MARCUSE, H. (1965). El hombre unidimensional. España: Ariel, 5ª. reimpresión, 2001. 7) FREIRE, P. (1993). Pedagogía de la esperanza. México: Siglo XXI editores, 4ª. edición, 1999.