FUNDAMENTOS DE LA ESCUELA DEL TRABAJO.

Roseli Salene Caldart

M.M.Pistrak (1888 - 1940) fue un educador del pueblo Ruso. Sobre su biografía casi no existen registros. Lo que sabemos, es que sus reflexiones pedagógicas, elaboradas a partir de su propia práctica de profesor y militante socialista, tuvieron bastante influencia en la educación de la República Soviética, especialmente al final de la década de los 20 de éste siglo que se despide, en pleno proceso de construcción de la sociedad revolucionaria.

En una fase posterior bajo la conducción Stalinista, la obra de Pistrak dejo de ser difundida, lo que tal vez explique por que sabemos tan poco de él.

Pistrak es considerado un seguidor de las ideas políticas y pedagógicas de Nadezhda Krupskaya, compañera de Vladimir I. Lennin, y junto con él una de las grandes líderes del proceso revolucionario de octubre de 1917. Crupskaya fue una de las primeras pedagogas marxistas, y participó activamente en la construcción de lo que sería un sistema público de educación vinculado al proyecto de sociedad socialista.

Fue también contemporáneo de Anton Makarenko, de Pavel Blonsky, de Vassili Lunatcharsky y de Vassili Sukhomliski, grandes educadores y pedagogos ligados a este proyecto. Cada uno con sus prácticas, estudios y reflexiones, y también con algunas polémicas entre sí ayudaron a construir lo que hoy se conoce en la historia como una pedagogía socialista: una pedagogía centrada en la idea del colectivo y vinculada al movimiento más amplio de transformación social.

La obra fundamentos de la escuela del trabajo, escrita en 1924, después de una primera versión que circulo en Rusia un año antes, es la única contribución de Pistrak que llegó hasta nosotros, y que fue editada en lengua portuguesa. Ella sistematiza su experiencia pedagógica en la conducción de la escuela Lepechinsky, y en el contacto con otras escuelas primarias de su época, buscando traducir para el plano de la pedagogía escolar las ideas, las concepciones, los principios y los valores del proceso revolucionario inicial en la unión Soviética.

Su mayor contribución fue haber comprendido que para transformar la escuela y para ponerla al servicio de la transformación social no basta con alterar los contenidos en la enseñanza. Es preciso cambiar la forma de la escuela, sus prácticas y su estructura de organización y funcionamiento, haciéndose coherente con los nuevos objetivos de formación de ciudadanos capaces de participar activamente en el proceso de construcción de la nueva sociedad. Esta visión de Pistrak ahora incorporada en diversas prácticas y reflexiones, no era consenso entre los pedagogos soviéticos de su época. La mayoría de ellos estaban más preocupados en cómo modificar los programas de estudio de las escuelas, de modo que se convirtieran en un espacio de difusión de las ideas socialistas.

Fundamentos de la escuela de trabajo es un libro muy estudiado en los cursos de formación de profesores, especialmente en las últimas décadas. Los tres aspectos centrales de la obra de Pistrak que son objeto de discusión de los educadores: las reflexiones sobre la relación entre escuela y trabajo; la propuesta de auto - organización de los estudiantes; y la organización de la enseñanza a través del sistema de complejos temáticos, siendo éste último el que más acostumbra llamar la atención, inclusive por la relación que tiene con la reflexión sobre los temas generadores, propuesto por Paulo Freire .

Para que podamos hacer una interlocución pedagógica con Pistrak hoy es preciso disponerse a comprender su pensamiento, así como su lenguaje, en el contexto en el que fue elaborado. O sea leer a Pistrak pensando sobre lo que significó para él, y para otros pedagogos de éste mismo movimiento político pedagógico, estar discutiendo sobre pedagogía escolar, en un momento post revolucionario, en que los esfuerzos se concentraban en el objetivo de consolidar una revolución, a través de dos tareas básicas: reconstrucción de las organizaciones sociales y del estado y la lucha permanente contra la reacción capitalista mundial y las fuerzas reaccionarias internas del propio bloque de países que conformaban, en esa época, la llamada Unión Soviética.

Es en este contexto que se puede comprender por qué Pistrak identifica como ----SENDO los dos aprendizajes principales que se deben esperar de los educandos: saber luchar y saber construir. Es también en este contexto que se comprende por que discutir sobre una escuela de trabajo y por qué definir como sus dos grandes fundamentos: las relaciones de la escuela con la realidad actual y la auto organización de los estudiantes. La gran preocupación de Pistrak era sobre cómo la escuela podría ayudar a consolidar la revolución socialista, y para esto lo fundamental que veía era la formación de los sujetos de este proceso, no en el futuro, sino en el presente. Para Pistrak, los niños y los jóvenes tenían un lugar destacado en la construcción de la nueva sociedad Soviética. Más para ello necesitaban ser educados al mismo tiempo con mucha firmeza ideológica y política en los principios y valores de la revolución y con mucha autonomía y creatividad para recrear las prácticas y las organizaciones sociales.

En este sentido, la obra de Pistrak no debe ser leída como un manual sino como un registro de un proceso de construcción pedagógica, o construcción de una pedagogía social, como él mismo decía. La actualidad de la obra de Pistrak esta especialmente en el diálogo que se puede hacer en torno de las cuestiones que movieron su práctica y su movimiento pedagógico. Estas cuestiones, tal vez más que las respuestas dadas, continúan como desafíos extremadamente actuales. El principal de ellos se refiere a cómo vincular la vida escolar, y no sólo en el discurso, con un proceso de transformación social, haciendo de ella un lugar de educación del pueblo para que se asuma como sujeto de la construcción de la nueva sociedad. ¿Hay cuestión más actual que esta para todos los que estamos discutiendo un proyecto popular de Brasil?.

Las reflexiones de Pistrak sobre la escuela forman parte de un movimiento pedagógica bastante fecundo, exactamente por que inspirado e inspirador de prácticas sociales que no comienzan ni terminan en la escuela en sí misma. En este sentido hay algunos legados que se pueden extraer de su obra en su poco tiempo, y que sirven como interlocución para nuestra practica de educadores. En seguida las destacamos en una pequeña síntesis:

1. Pensar y hacer una escuela que sea educadora del pueblo. En aquel momento de transición, donde todo estaba siendo reconstruido, estaba claro para los dirigentes, y Lenin especialmente defendía mucho esto, de que la escolarización del pueblo era la base de las transformaciones culturales necesarias para el proceso de construcción colectiva de la nueva sociedad. Sin un proceso educativo intencional del Estado Soviético el pueblo podría quedar alienado del movimiento de transformación y entonces la revolución no se consolidaría. Pistrak fue uno de los educadores de este periodo que se propuso como desafío reconstruir también la escuela, de modo que ella dejase de ser un espacio de las elites, y pasase a ser un lugar de formación del pueblo, de todo el pueblo, preparándolo para una actuación social más activa y crítica. La escuela del trabajo de Pistrak es la escuela de los trabajadores, de la clase trabajadora, vista como sujeto social de la revolución, y con demandas de educación propias de este desafío histórico.

2. Educación es más que enseñanza. Pistrak defendía que era preciso superar la visión de que la escuela es lugar sólo de enseñanza, o de estudio de los contenidos, por más revolucionarios que ellos sean. Dice él, es preciso pasar de la enseñanza a la educación, de los programas a los planos de la vida. O sea, en su propuesta pedagógica la escuela solamente atiende los objetivos de educación del pueblo, si consigue interrelacionar los diversos aspectos de la vida de las personas. Decía él que la escuela necesitaba tornarse en un centro de vida infantil, donde el trabajo, el estudio, las actividades culturales y políticas formasen parte de un mismo programa de formación y que la escuela debería ser dinámica o bastante para ir ajustando este programa a las necesidades de los educandos y de los procesos sociales en cada momento.

3. La vida escolar debe estar centrada en la actividad productiva. Esta es una de las grandes lecciones que podemos interpretar de su obra. En la medida que la escuela pasa a asumir la lógica de la vida, y no de una supuesta preparación teórica de ella, es preciso romper con la pedagogía de la palabra, centrada en el discurso y en el repaso de contenidos (diríamos, una pedagogía "de la saliva y del gis"), y construir una pedagogía de la acción. En la escuela del trabajo de Pistrak los niños y los jóvenes se educan produciendo objetos materiales útiles, y prestando servicios necesarios a la colectividad. A través de estas actividades productivas es que buscan desarrollar un estudio más profundo y significativo de la llamada realidad actual, al mismo tiempo que van aprendiendo habilidades, comportamientos y posiciones necesarias a su desarrollo humano y a su inserción social.

4. La escuela necesita vincularse al movimiento social y al mundo del trabajo. No se trata, pues, de construir en la escuela una vida aparte, con actividades que sean meros artificios didácticos. Pistrak decía que una escuela-laboratorio nunca lograría sustituir la realidad palpitante de la vida. Por esto su pedagogía incluía algunos aspectos fundamentales en esta perspectiva: el trabajo social de la escuela, el involucramiento de los estudiantes de más edad en actividades productivas de la sociedad en general, la preocupación con la apropiación de la ciencia del trabajo y su organización, el vínculo de la autoorganización de los estudiantes en la escuela con el llamado movimiento de los pioneros o con el movimiento de la juventud comunista, que fueron las formas organizativas construidas en la época, para una participación activa y específica de los niños y de los jóvenes en la construcción de la sociedad socialista.

5. La auto-organización de los educandos como base del proceso pedagógico de la escuela. Pistrak defendía que esta era una gran transformación histórica a ser hecha en la escuela: la participación autónoma, colectiva, activa y creativa de los niños y jóvenes, de acuerdo con las condiciones de desarrollo de cada edad, en los procesos de estudio, de trabajo y de gestión de la escuela. Por auto organización Pistrak entendía la constitución de los colectivos infantiles o juveniles a partir de la necesidad de realizar determinadas acciones prácticas, que podían comenzar con la preocupación de garantizar la higiene de la escuela, de llegar a la participación efectiva en el Consejo Escolar, ayudando a elaborar los planos de la vida escolar. O sea, la autoorganización de los niños no debe ser vista como un juego más, sino como una necesidad, una ocupación seria de quién está encargado de responsabilidades sentidas y comprendidas. El gran objetivo pedagógico de esta cooperación infantil conciente era efectivamente educar para la participación social igualmente conciente y activa. La evaluación era de que solamente teniendo un espacio propio de organización, no tutelado, sino sólo acompañado por los educadores, los educandos efectivamente se asumirían como sujetos de su proceso educativo. Observaba entonces que el colectivo infantil no podría ser algo impuesto, más sí una construcción de abajo para arriba, a partir de una intencionalidad pedagógica gradual y que produjese el involucramiento real de los niños. El vínculo con las organizaciones políticas más amplias, a su vez, garantizaría la unidad con los objetivos, principios y valores de la revolución.

6. Pensar una forma de desarrollar la enseñanza que sea coherente con el método dialéctico de interpretación de la realidad. La opción construida por Pistrak fue lo que llamó de sistema de los complejos, que en verdad era para él más que un método de enseñanza; era un intento de organizar el programa de la escuela pensando la dimensión del estudio íntimamente ligado al trabajo técnico, a la auto organización de los educandos, y al trabajo social de la escuela. Se trata de organizar la enseñanza y a través de temas socialmente significativos, y a través de ellos estudiar la dinámica y las relaciones existentes entre aspectos diferentes de una misma realidad educando así a los estudiantes para una interpretación daléctica de la realidad actual. Y en la medida en que se consiguen establecer vínculos entre varias dimensiones de la vida escolar, podemos tener los estudios desdoblados en acciones, y acciones produciendo necesidades de estudio. También podemos garantizar que sean los propios colectivos de estudiantes los que garanticen la organización necesaria para las actividades de enseñanza e investigación. En su libro Pistrak hace el detallamiento didáctico de todo este sistema, que hoy ya tiene diversas experiencias prácticas de interpretación. La lección principal es de que es posible y necesario encontrar formas de sustituir la enseñanza libresca y conteudista, por una enseñanza vivamente preocupada con el estudio de la realidad y con su transformación. Y que esto dice respecto tanto a la selección de los temas a ser estudiados, como al modo de hacer este estudio, y sus relaciones con el conjunto de las prácticas que constituyen la vida de una escuela.

7. Sin teoría pedagógica revolucionaria no hay práctica pedagógica revolucionaria. Según Pistrak quien debe construir la nueva escuela son los educadores, junto conn los educandos y sus comunidades. Más para esto los educadores no pueden ser tratados como meros ejecutores o seguidores de manuales simplificados. Deben ser estimulados y preparados para dominar las teorías pedgógicas que permitan reflexionar sobre su práctiuca y tomar decisiones propias, construyendo y reconstruyendo prácticas y métodos de educación. En este sentido Pistrak demuestra en su obra que fue ejemplo de lo que defendía. Como educador buscó cualificar su práctica a través del estudio riguroso de la dialéctica marxista y también de las diversas teorías pedagógicas discutidas en su época. Acabó construyendo no sólo una nueva práctica, sino también uan nueva teoría pedagógica de inspiración socialista y marxista.

Estas lecciones, que ciertamente no agotan el legado pedagógico y político de Pistrak, pueden servir como referencia para nuestra interlocución con su obra y principalmente para reflexionar sobre nuestra práctica de educadores, o para nuestra observación de las escuelas y de otros espacios de educación que conocemos. Tenemos la responsabilidad humana y social con la cualificación efectiva de la educación del pueblo y es esto lo que está en juego al hacernos de lecturas o relecturas de libros como este.

Porto Alegre, mayo 2000.

Roseli Salete Caldart