CONCIENCIA, PENSAR Y CONOCIMIENTO

Severo Iglesias

El reflejo sensorial constituye el primer acto de la conciencia (a manera de ese "reaccionar ante..., o darse cuenta de..., un mundo exterior"), "conciencia sensorial"; mas "la forma superior de la conciencia, es el pensamiento". "La conciencia es la forma superior del reflejo de la realidad objetiva". Es decir, es la forma más elaborada y acabada de la comprensión del mundo por el individuo, y de su propio lugar en él. La conciencia se forma en el proceso de la actividad laboral socio-productiva, según el lugar que se ocupa en las relaciones de producción.

La conciencia, es lo que da significación y sentido a lo pensado, que se exterioriza a través del lenguaje orientando los sentimientos, la voluntad y propósitos del individuo. La conciencia, en su forma más elevada, tiene como base el aumento de los conocimientos, sociales y científicos en general, dados en el individuo (la historia, las ideas políticas, jurídicas, éticas y estéticas), dirigidas por la actividad socio-productiva o práctica social.

La conciencia pertenece al mundo de lo subjetivo, de lo ideal, de modo que, como reflejo de la realidad objetiva, la conciencia es una representación, en la esfera de lo subjetivo, de la objetividad de la realidad. Así, si la forma superior de la conciencia que parte desde lo sensorial (inicio del proceso psíquico del reflejo), es el pensamiento; resulta a su vez, que la forma superior del pensamiento es, a su vez, la conciencia en su forma más eleva; es decir, en su forma del conocimiento elaborado por el pensamiento o deducido.

De este modo, la conciencia en su forma superior, es un producto elaborado por el pensar; "no consiste solamente en un reflejo sensorial de los objetos y fenómenos, sino también de abstracciones, conceptos, hipótesis y teorías".

Aquí se dirime ese fenómeno complejo que se origina en el debate baconiano-cartesiano, acerca de cómo se origina el conocimiento; si por la actividad empírica (Bacon), o si por la actividad racional (Descartes); y el conocimiento tiene una solución baconiana, si tomamos la teoría del reflejo en su conjunto, en su totalidad como proceso de la conciencia desde la "conciencia sensorial"; pero a su vez, tiene una solución cartesiana, si nos referimos sólo a las formas más elevadas de la conciencia, que ya no son resultado directo de lo sensorial en la percepción empírica, sino producto indirecto, teórico o racional, de los grados de abstracción y deducción del pensamiento a partir de lo dado sensorial y empíricamente.

La conciencia, ya no sólo como ese "reaccionar ante..., o darse cuenta de..., un mundo exterior", es el conocimiento dado de lo sensorial; pero es, a su vez y en su forma más elevada, como el producto elaborado por el pensamiento en los conocimientos deducidos; la conciencia representa, pues, todo el proceso de la teoría del conocimiento dada en la teoría del reflejo. Es en el proceso de la conciencia que se forma el pensamiento ya no sólo intuitivo, sino esencialmente racional, deductivo, con lo que, a su vez, se elaboran las formas más elevadas de la conciencia.

La conciencia no es solamente un proceso cognoscitivo y su resultado, el conocimiento. Es, a la vez, una vivencia de lo cognoscible, una valoración determinada de las cosas, las propiedades y las relaciones. El sentido está vinculado también a la conciencia. «Sin «emociones humanas» nunca ha habido, ni habrá jamás, búsqueda humana de la verdad».

Un aspecto importante de la conciencia es la autoconciencia. La vida exige al hombre no sólo que conozca el mundo exterior, sino también que se conozca a sí mismo. La autoconciencia se forma bajo el influjo del modo social de vida, el cual requiere del hombre que controle sus acciones y responda de sus actos.

El surgimiento de la conciencia está unido directamente al nacimiento del lenguaje, de la palabra articulada, que expresa en una forma material las representaciones, los pensamientos de los hombres. Igual que la conciencia, el lenguaje sólo pudo formarse en el proceso del trabajo, que requería acciones conjuntas y coordinadas de los hombres, y no podía efectuarse sin el estrecho contacto, sin la comunicación permanente entre ellos.

La conciencia refleja la realidad, en tanto que el lenguaje la designa y expresa el pensamiento. Merced al lenguaje, la conciencia se forma y desarrolla como un fenómeno social, como un producto espiritual de la vida de la sociedad. En su calidad de medio de comunicación mutua de los seres humanos, de intercambio de experiencias, conocimientos, sentimientos e ideas, el lenguaje vincula a los hombres no sólo de un grupo social concreto y no sólo de una generación, sino también de generaciones diferentes. Así se crea la continuidad de las épocas históricas.

La cognición o conocimiento es un proceso en virtud del cual el mundo circundante se refleja en la conciencia del hombre. Al influir éste, mediante su actividad práctica, sobre la realidad material, entra en conocimiento de las distintas partes que la componen, descubre las leyes de la naturaleza y de la sociedad.

El proceso de la cognición empieza con las sensaciones. Las sensaciones constituyen el reflejo de las distintas propiedades de los objetos y de los fenómenos del mundo material (colores, sonidos, olores. etc.) que actúan directamente sobre nuestros órganos de los sentidos. En la percepción, los objetos y los fenómenos se reflejan en conjunto. Cuando recordamos un objeto o un fenómeno cualquiera, surgen en nuestra memoria las imágenes de los objetos anteriormente percibidos. Estas imágenes se denominan representaciones.

Las sensaciones, las percepciones y las representaciones constituyen el grado sensorial del conocimiento, en este nivel no nos sea posible descubrir entre los objetos y los fenómenos relaciones necesarias, sujetas a determinadas leyes.

En el proceso de la cognición pasamos de reflejar la realidad de manera inmediata y, por imágenes, a reflejarla por medio del pensamiento, pasamos al grado lógico del conocimiento

El pensamiento es, ante todo, un proceso de cognición generalizado de la realidad. En el proceso del pensar formamos conceptos en los que se reflejan, de manera peculiar, los objetos y los fenómenos de la realidad. La formación del concepto está vinculada a la" extracción de lo general, a la separación de los rasgos esenciales del objeto de entre el conjunto de las propiedades generales.

El pensamiento constituye un proceso en virtud del cual es reflejada la realidad. En el transcurso de dicho proceso el hombre se da cuenta constantemente de la objetividad de lo pensado, compara el contenido de lo pensado con la realidad. Los pensamientos que surgen en nuestra mente, como reflejo de las relaciones de los objetos entre sí y de las relaciones entre los objetos y sus propiedades, necesitan ser comprobados; su veracidad ha de ser fundamentada. Esto significa que el acto de formular juicios es inherente al pensar humano.

La aclaración y la fundamentación de lo que haya de verdadero o de falso en los pensamientos, la diferenciación de los pensamientos en verdaderos y falsos, se realiza a través de la actividad práctica del hombre, a través de su trabajo. En el proceso del trabajo se ponen a prueba los conocimientos, las hipótesis y la experiencia anterior, es decir, todo lo que sirve de base para la actividad deliberada del trabajo. En el proceso de la actividad práctica se comprueba, se precisa y se amplía nuestro saber.

El pensamiento se caracteriza por la capacidad de cognición mediata de la realidad. Esto significa que, gracias al pensamiento, se llega a conocer no sólo lo recogido directamente a través de los órganos de los sentidos; el pensamiento también nos permite juzgar acerca de hechos que no son objeto de percepción inmediata, pero que guardan cierta relación con otros hechos percibidos como inmediatos. Al analizar el contenido de estos conocimientos anteriores y al relacionar con él los nuevos hechos captados, podemos inferir un nuevo conocimiento sin recurrir a la experiencia directa. De esta suerte, en el proceso de pensar hacemos constantemente uso de raciocinios.

El pensamiento se halla inseparablemente unido al lenguaje. Este no sólo fija los resultados de la actividad cognoscitiva del hombre, sino que es, además, requisito indispensable para la formación de los pensamientos y medio de expresión de los mismos.