Sistema neoliberal.

El desbordante desarrollo de las ciencias y sus aplicaciones tecnológicas en los últimos años, en el marco de un capitalismo de sobreexplotación, depredación, despojo y muerte, está precipitando las guerras económicas, comerciales, financieras y militares: LA DESTRUCCIÓN.

Los bloques regionales de oligarquías transnacionales se están disputando los elementos de la naturaleza al punto de preverse el agotamiento próximo de las reservas de petróleo y gas natural, de cubierta forestal, de agua y tierras fértiles. El deshielo de los polos, el cambio climático y la destrucción ecológica apuntan en muchos casos a ser irreversibles y a poner en riesgo la vida y al propio planeta.

El portentoso desarrollo de las fuerzas productivas, desde la lógica del capital, sólo tiene salida en más explotación de los trabajadores y en la destrucción que se manifiesta:

a). En lo momentáneo y pasajero de múltiples productos que se convierten en tremendos basureros de todo tipo bajo el pretexto de la moda, el confort, la comodidad, el lujo y placer.

b). En las técnicas de producción que contaminan la tierra y enferman todas las formas de vida.

c). En la fiebre del consumismo y el despilfarro.

d). En la profanación de la dignidad de las capacidades y virtudes humanas, de los oficios y profesiones, del ingenio y la creatividad, puesto todo al servicio de la ganancia. El capital humano como máquinas vivientes sólo necesita calorías y energía para laborar.

e).En los planes de muerte masiva de las poblaciones por guerras, por represiones, por alimentos envenenados, por enfermedades curables, por plagas, epidemias y pandemias.

Como nunca, las oligarquías están encontrando en la destrucción de las fuerzas productivas y de la humanidad, el eje de la reproducción y permanencia del régimen capitalista, así lo demuestran sus planes militaristas en el mundo, en América y en México; sus sistemas de vigilancia permanente sobre los trabajadores y los pueblos; la usurpación de los más elementales derechos y el autoritarismo que prohíbe la objeción, la oposición, la desobediencia, la protesta y la resistencia pacífica, acudiendo al espionaje y al gorilismo.

La ciencia y la tecnología bajo control de las oligarquías generan un efecto de embriaguez social que a su vez se convierte en graves procesos de enajenación social, de analfabetismo oscurantista, de destrucción de reservas culturales nativas y populares y de conformismo, apatía y derrota.

Se producen granos, semillas, vegetales, carnes y lácteos contaminados; los agrotóxicos y transgénicos hacen estragos en la población; la cultura gastronómica ancestral está siendo sepultada por las comidas rápidas y los alimentos chatarra-venenosos; los jardines botánicos familiares, la medicina tradicional y los remedios, fueron abandonados y las medicinas alópatas similares no sirven para sanar a la gente; la ética médica sucumbe ante el desabasto en el sector público de salud y la medicina privada de élite. La tecnología no consolida la moral colectiva, solidaria, cooperativa, de compromiso con la vida y la madre tierra, por el contrario se instalan prácticas sociales de dejadez y desesperanza; la tecnología en manos neoliberales no nos conduce a la grandeza de los pueblos y a prácticas sociales de renovación de la vida y de la dignidad humana.

En tal situación, la escuela mexicana con su profundo perfil social-comunitario, de promoción del crecimiento de trabajadores y pueblos en lo económico, político, social, cultural y ecológico y con su pedagogía histórica y sus docentes, le estorban al capital en su ruta de reestructuración y destrucción. La tarea que se le ha asignado en lo educativo-pedagógico es alejar a los ciudadanos del conocimiento, de las artes y del desarrollo cultural.

El neoliberalismo no tiene otro camino, enredado en sus extravagancias, en la feroz competencia entre monstruosas corporaciones se debate en crisis de sobreproducción, en crisis energética, climática, ecológica, política y cultural; el despilfarro y la suntuosidad solo serán sostenibles con más ecocidio, más guerras, más sobreexplotación y más sufrimiento de nuestros pueblos. Las transnacionales de los agrotóxicos, saben que con sus líquidos destruyen la fertilidad de los suelos, afectan la atmósfera, destruyen ecosistemas enteros y extinguen especies de insectos, hongos, plantas y animales. Saben que esos alimentos contaminados enferman al pueblo; saben que su comida chatarra tóxica enferma al pueblo y es una de las principales causas de las modernas pandemias. Pero no les importa la vida, solo les interesa la ganancia capitalista.

Las estrategias de individualización, competencia, confusión ideológica, consumismo, apoliticismo y apatía, pilares para el sostenimiento del modelo neoliberal, rinden sus frutos en una creciente dispersión y disgregación de la población, de las comunidades y de las familias. Se promueve la idea de la vida fácil, los placeres vacíos, el derroche y el lujo excéntrico; los satisfactores rápidos, el consumo de alcohol y las drogas, además de la prostitución como práctica generalizada, lo que impacta de forma alarmante a nuestros jóvenes. Estos fenómenos y la constante emigración hacia los Estados Unidos han venido devastando las culturas populares, la memoria histórica de nuestros pueblos, la identidad de clase, nacional y comunitaria, el amor al trabajo y el respeto a la vida y la solidaridad con el prójimo. En su lugar se impone la transcultura de la violencia, la guerra, corrupción, la devastación y el machismo como formas de comportamiento aceptadas y por el contrario, se niega el desarrollo de las capacidades e impide el desarrollo físico e intelectual de la gran mayoría de la población.